Una pequeña crónica del día a día conviviendo con la Miastenia y el Mestinón. ¡Curiosa pareja!
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lunes, 24 de febrero de 2014
Quedan cuatro días...
Quedan cuatro días para que celebremos, el 28 de febrero, el DÍA MUNDIAL DE LAS ENFERMEDADES RARAS. ¿Te has informado ya? ¿Te interesa el tema? ¿Te has parado a pensar que somos más de tres millones con este tipo de dolencias en España? ¿Y si dedicaras unos minutos a saber algo más de algo que podría afectarte en cualquier momento? Recuerda que, en el fondo, TODOS SOMOS RAROS, TODOS SOMOS DIFERENTES. TODOS SOMOS...ÚNICOS.
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viernes, 22 de febrero de 2013
Jornadas sobre Enfermedades Raras y Metabólicas en JAÉN.
Los afectados por cualquiera de las más de ochocientas enfermedades raras actualmente reconocidas, rastreamos sin límite cualquier actividad, estudio, investigación o propuesta que incida en nuevos tratamientos, más conocimiento de los efectos que nos incapacitan, sesiones de trabajo relacionadas con el tema o artículos de relevancia en cuanto a las llamadas enfermedades de poca prevalencia. Por todo ello es de destacar la celebración en el Complejo Hospitlario de Jaén de unas JORNADAS SOBRE ENFERMEDADES RARAS Y METABÓLICAS dirigidas por la doctora Sierra. (En la imagen, noticia de las mismas hoy en DIARIO JAÉN)
martes, 15 de enero de 2013
MIASTENIA: La enfermedad del AMOR.
Hay dolencias que tratan de dominar tu cuerpo, de transgredir
esa íntima frontera que separa la vida del adiós, que te hacen sucumbir y
olvidar.
Hay otras, por el contrario, que se permiten retozar con tus
ganas de amanecer al alba cada día y juegan con los deseos, anhelos, sospechas
y certezas que mueven tus motores.
Una de ellas, de apellido circunspecto y ladrador empaque, la
Miastenia Gravis, sobrepasa todas las líneas, rojas o multicolores, para
establecerse en lo más íntimo de tu sistema nervioso y otros de similar ralea
con su pérfida ubicuidad.
Repaso una y otra vez los sibilinos síntomas con que me
obsequia y me asalta una duda, dulce a veces, sañuda otras, que me hace
trasvasar el mero concepto de enfermedad hasta los perdidos confines de la
cándida insensatez.
Un día, sin venir a cuento, como ese regalo que alguien te
ofrece sin necesidad de agradar al calendario, la MG –abreviatura para los
amigos- te guiña un ojo dejando al párpado mecerse en un plácido sopor al que
solo un estado de ensoñación podría compararse. Es como si miraras a esa
persona por la que el tiempo es capaz de pararse, como si te inundara una ola
de serena dulzura ante la mera visión de su rostro, el contoneo de sus pasos o
el sutil aroma de su piel lavada.
Seguro que tú, amigo lector, has vivido esa sensación. Quizá
acompañada de un ligero hervor hormonal en la lejana adolescencia, quizá como
guarnición de una pasión madura. Cierra los ojos y déjate llevar hacia atrás,
aunque solo sean unos segundos, y revive en tu cuerpo ese miasténico flash que
te hará comprendernos. El argot médico llama a esta respuesta corporal ptosis,
pero tú y yo sabemos que es algo más que el fallo comunicativo de un nervio
ansioso.
Los músculos pueden entregarse, cuando menos lo esperas, o cuando
más lo deseas, a una orgiástica demostración de poder, de poder distenderse en
una laxa explosión de placidez. Quizá no te permitan levantarte, o hacer
cualquier otro gesto cotidiano, pero tú sabes que tu fuerza está ahí,
travestida en un disoluto y turbador hormigueo que se parece demasiado al
placer contenido. Una vez más, la Miastenia te acerca a un mundo de cálida
ternura que bien podría confundirse con las muestras más rudimentarias del
amor.
Ya lo decían los clásicos, los místicos de ese siglo de Oro
que una vez iluminó el imperio. No vivo en mí, clamó Teresa de Jesús,
trasladando a lo divino el gozo de saberse tocada por la gracia. Nunca sabremos
el porqué de la flecha que la MG nos disparó. Acaso los hados del destino
decidieron que éramos los elegidos. Cuando la duda nos asalte, un grito
sazonado con dos partes de agradecimiento y trescientas de perplejidad sería
una buena salida. Gritar al universo para que cualquier cuerpo astral, incluido
cualquier vecino o camarada, sepa de este sinvivir que nos acecha.
¿Gritar? La Miastenia tiene soluciones para todo. ¿Nos
permite el arrobo emitir pensamientos centrados, palabras sensatas, locuciones
inteligibles? Generalmente no. Ante esa situación de ebullición, de vernos cara
a cara con la amada, nuestra garganta tiembla y solo vomita expresiones a veces
sin sentido o que pocos entenderían.
Hemos llegado a la disartria. Otro presente miasténico que se
preocupa de hacernos hablar con cierta dificultad, de arrastrar las palabras,
de barnizar nuestro discurso con un toque gangoso y perdido tan propio del amor
adolescente; ese que nos hacía palidecer al hilo de la primera hormona
galopante.
La garganta se transforma en una cueva informe que necesita
una palabra mágica (en forma de gragea) para funcionar, como aquel antro de Alí
Babá que pobló nuestra infancia.
Los ojos, la mirada, la voz, el cuerpo entero titilan
emocionados cuando la Miastenia llama a su puerta. Algo fluye –o deja de fluir-
si pasamos a formar parte de la esforzada legión de los miasténicos. Sí, es
emoción lo que hace que nuestro sistema respiratorio se descuadre, que nuestros
pulmones no sepan bien cómo se recibe el aire y se transmite después.
En un paréntesis de este estresante panorama al que nos
enfrentamos podemos pararnos y pensar. Hay muchas definiciones médicas para
estas enfermedades, raras por más señas; hay datos, estudios e investigaciones
sobre la Miastenia Gravis pero, en realidad, se nos ha escapado el más importante:
Nos produce los mismos síntomas que un ataque agudo de enamoramiento. Hace unos días, el agudo diagnóstico de Pepe
Vica en estas mismas páginas denominaba a la Miastenia Gravis como “la
enfermedad de la crisis”. Me permito corregir al maestro con toda la humildad
que la euforia miasténica me permite y afirmo que esa amiga que nos acompaña,
esa rara afección que nos recluta para sus huestes, la Miastenia Gravis, es “LA
ENFERMEDAD DEL AMOR”.
Ahora que estamos empezando 2013, Año internacional de las enfermedades
raras, sería un buen momento para reivindicar esa otra faceta desconocida de
nuestra compañera. En el fondo nos ama. No va a haber más remedio que quererla
también y amarla hasta que el adiós definitivo nos separe. Esta es una de las
pocas enfermedades que empiezan por un posesivo. Dicen que el amor no debe
serlo, pero…
viernes, 30 de noviembre de 2012
ESAS ENFERMEDADES NO RENTABLES... (Viñeta de EL ROTO en EL PAÍS)
EL ROTO siempre es capaz de ahondar en esos recovecos por
los que nos movemos sin apenas reparar en ellos. ¿Nos damos cuenta de que la
salud puede ser calibrada en términos económicos cuando empezamos a toser o nos
duele la muela del juicio?
Probablemente no. Nuestro subconsciente nos dice que nuestra
salud está por encima de todos esos escarceos dinerarios pero ¿es así
realmente?
Investigar sobre el cáncer, el sida o cualquier dolencia cuya
solución suponga miles de millones de beneficio farmacéutico al existir
millones de afectados, puede ser un acicate para las empresas de las que
dependemos. Pero ¿y si nos toca en suerte una enfermedad de las raras, de las
poco frecuentes?
Entonces nos veremos en la triste situación del protagonista
de la viñeta que hoy publica EL PAÍS. La solución a nuestro problema será
lento, farragoso, difícil y se alargará en el tiempo hasta que el calendario
nos otorgue la última puntilla.
Hay enfermedades no rentables, aceptémoslo. Y como miembro
de ese “selecto” grupo de afectados tengo que levantar la voz para pedir más
investigación, más centros de referencia, más apoyo, más comprensión… Es tiempo de Navidad. Quizá esta sea mi carta
a los Reyes Magos de este año. (Aunque también lo fue el año anterior y poco
obtuve)
sábado, 17 de noviembre de 2012
Ponencias del SIMPOSIO INTERNACIONAL "ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES: TIEMPO DE TRATAMIENTO"
Dejo aquí algunas imágenes de las distintas ponencias desarrolladas en el SIMPOSIO INTERNACIONAL SOBRE ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES Y SU TRATAMIENTO celebrado en Madrid el 15 y el 16 de noviembre.
En principio, ponencia de la doctora Isabel Illa sobre NUEVOS ANTICUERPOS RELACIONADOS CON LAS ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES.
La doctora Illa expuso los nuevos avances en cuanto al descubrimiento de distintos tipos de anticuerpos relacionados con algunas enfermedades neuromusculares, en especial con la MIASTENIA GRAVIS.
En principio, ponencia de la doctora Isabel Illa sobre NUEVOS ANTICUERPOS RELACIONADOS CON LAS ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES.
La doctora Illa expuso los nuevos avances en cuanto al descubrimiento de distintos tipos de anticuerpos relacionados con algunas enfermedades neuromusculares, en especial con la MIASTENIA GRAVIS.
El doctor Lochmuller, del Threat-NMD Newcastle upon Tyne de Reino Unido debatió sobre distintos síndromes miasténicos congénitos.
El doctor Tizzano del Hospital Santa Creu i San Pau de Barcelona, disertó sobre la actualización de las estrategias terapeuticas en atrofia muscular espinal.
Esperemos que, tal y como se dijo en las conclusiones, dentro de dos o tres años, los avances presentados en el Simposio se hayan hecho realidad plena e intervengan de forma efectiva en la mejora de la calidad de vida de los afectados.
Mi paso por el SIMPOSIUM INTERNACIONAL "ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES: TIEMPO DE TRATAMIENTO"
Estos días pasados( 15 y 16 de
noviembre) he participado en el SIMPOSIO
INTERNACIONAL “ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES: TIEMPO PARA EL TRATAMIENTO”,
celebrado en Madrid y organizado por ASEM (Asociación española de Enfermedades
Neuromusculares) y la FUNDACIÓN RAMÓN
ARECES.
La coordinación estuvo a cargo de Adolfo López de Munain (Área de Neurociencias. Instituto Biodonostia. Servicio de Neurología. Hospital Donostia. San Sebastián) y de Isabel Illa Sendra (Unidad de Enfermedades Neuromusculares. Servicio de Neurología. Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Universidad Autónoma de Barcelona). Por parte de ASEM coordinó Antonio Álvarez Martínez.
*Nuevas tendencias terapéuticas en distrofia miotónica. Nicolas Charlet-Bergueran. (Institut de Génétique et de Biologie Moléculaire et Cellulaire. Université de Strasbourg. Illkirch. Francia)
Y las que más podían interesarme, las
relacionadas con la MIASTENIA GRAVIS:
*Nuevos anticuerpos relacionados con
enfermedades neuromusculares. Isabel Illa Sendra (Unidad de Enfermedades Neuromusculares.
Servicio de Neurología. Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Universidad
Autónoma de Barcelona)
En una próxima entrada subiré algunas imágenes sobre el desarrollo de las distintas ponencias.
La coordinación estuvo a cargo de Adolfo López de Munain (Área de Neurociencias. Instituto Biodonostia. Servicio de Neurología. Hospital Donostia. San Sebastián) y de Isabel Illa Sendra (Unidad de Enfermedades Neuromusculares. Servicio de Neurología. Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Universidad Autónoma de Barcelona). Por parte de ASEM coordinó Antonio Álvarez Martínez.
Las distintas ponencias fueron:
* Secuenciación del exoma: nuevas
estrategias para el diagnóstico de las distrofias musculares. Nicolas Levy (Département
de Génétique Médicale. Université de la Méditerranée. Hôpital d'Enfants de la Timone,
AP-HM, Marsella. Francia)
*El sistema ubiquitin-proteasoma: una
nueva diana terapéutica para las terapias en las distrofias musculares y las
atrofias musculares secundarias. Madeleine Durbeej (Muscle Biology Unit. Lund University. Suecia.
* La RM en el diagnóstico y la
monitorización de las enfermedades neuromusculares. Susana Quijano-Roy (Hôpital Universitaire Raymond Poincaré.
Centre National de Référence des Maladies Neuromusculaires Garches-Necker-Mondor-Hendaye.
Garches. Francia)
*Distrofinopatías: conceptos actuales
sobre las estrategias terapéuticas antisense. Ensayos clínicos. Virginia
Arechavala-Gomeza (The Dubowitz Neuromuscular Centre. Institute of Child
Health. University College. Londres. Reino Unido)
*Esclerosis lateral amiotrófica 2012:
el año de la revolución. Adolfo López de Munain (Área de Neurociencias.
Instituto Biodonostia. Servicio de Neurología. Hospital Donostia. San
Sebastián)
* Atrofia muscular espinal.
Actualización de las estrategias terapéuticas. Eduardo Tizzano ( Hospital de la
Santa Creu i Sant Pau. Barcelona)
*Terapias celulares en las distrofias
musculares: luces y sombras. Giulio Cossu. (Istituto Scientifico San Raffaele.
Milán. Italia)*Nuevas tendencias terapéuticas en distrofia miotónica. Nicolas Charlet-Bergueran. (Institut de Génétique et de Biologie Moléculaire et Cellulaire. Université de Strasbourg. Illkirch. Francia)
*Síndromes facioescapulohumerales:
nuevas perspectivas terapéuticas. Silvere van der Maarel (Center for Human Genetics. Leiden University
Medical Center. Países Bajos)
* Implicación de la autofagia en las
distrofias musculares congénitas: nuevas oportunidades terapéuticas. Paolo
Bonaldo (Università degli Studi di Padova. Italia)
*Síndromes miasténicos congénitos. Hans Lochmüller (Institute of Human
Genetics. Newcastle University. Newcastle upon Tyne. Reino Unido)
Las ponencias en otros idiomas se realizaron contraduccion simultánea.
El simposio registró una amplia
asistencia, cifrada en más de cuatrocientos interesados entre enfermos,
familiares y personal investigador de las distintas enfermedades
neuromusculares así como las directivas de las asociaciones convocantes, ASEM,
FEDER y AMES, como miembro de ASEM.
El título del Simposio hace hincapié en
la posibilidad de nuevos cauces de tratamiento para este tipo de dolencias a
las que el gobierno de España ha decidido dedicar el próximo 2013 como año de
las enfermedades raras. Esperemos que sirva para algo.
En una próxima entrada subiré algunas imágenes sobre el desarrollo de las distintas ponencias.
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Simposio ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES
jueves, 15 de noviembre de 2012
LA MEJOR ALINEACIÓN (En el día nacional de las ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES)
Duchenne, Becker,
Steinert, Walker-Warburg, Emery-Dreifuss, Welander, Eulenburg, Eaton-Lambert, Markesbery-Griggs, ELA… No. No nos estamos
refiriendo a la mejor alineación de una selección europea de fútbol. Tampoco
son los enviados por la canciller Merkel para trastear en nuestras cuentas
pre-rescate. Estos nombres extraños que a pocos ciudadanos les resultan
conocidos son síndromes, tipos de distrofias, miopatías, miositis o
enfermedades de la unión neuromuscular. Todas ellas forman parte de la familia
de las enfermedades neuromusculares y se consideran “raras” o poco frecuentes.
En general hablamos de más de ciento cincuenta enfermedades que afectan a la musculatura y
al sistema nervioso, impidiendo la correcta comunicación entre ambos en muy diversas formas y que producen síntomas que se pueden resumir en la pérdida progresiva
de fuerza muscular y la degeneración del conjunto de los músculos y de los
nervios que los controlan. Este tipo de dolencias causan calambres, rigidez,
deformidades e incluso paralización de
las articulaciones y dolores y problemas crónicos que afectan a la motricidad,
la autonomía, la alimentación, la visión, la respiración o la función cardíaca.
Las neuromusculares son enfermedades crónicas, es decir, que
sus efectos son para toda la vida y además son de naturaleza progresiva, lo que
provoca que los afectados veamos disminuida su capacidad funcional y, con ello,
su autonomía personal para realizar las tareas cotidianas.
Al ser enfermedades poco conocidas, los esfuerzos de investigación y de difusión
son escasos y, en general, no existen en los hospitales programas específicos
para los casi cuarenta mil afectados que se calcula que somos en España.
Estas enfermedades pueden aparecer a cualquier edad. (Concretamente,
la Miastenia Gravis suele aparecer en edades jóvenes en el caso de las mujeres
y a partir de los cincuenta años en los hombres). En el caso de la infancia pueden producir retraso en algunas funciones neuromusculares
(gateo, marcha, carrera…), en el desarrollo esquelético (desviación de la
columna vertebral), alteraciones en el desarrollo psicomotor incluso con
retraso mental asociado o trastornos neurológicos asociados como epilepsia.
En todo caso existe medicación para aliviar y mejorar los
síntomas, reducir y prevenir complicaciones y mejorar la calidad y la esperanza
de vida.
Pero los enfermos no solo necesitamos una adecuada terapia
médica. Las enfermedades neuromusculares hacen que la persona afectada pueda
quedar apartada de la dinámica social y altere, disminuya o haga desaparecer
sus relaciones sociales e incluso laborales. Es este un aspecto importantísimo
a tener en cuenta en el tratamiento.
Cuando somos diagnosticados, nuestra vida cambia y nos
envuelven sentimientos que van desde la tristeza hasta la rabia, pasando por la
angustia, frustración o un estrés que no nos permite pensar en otra cosa.
Asumir las características de la enfermedad nos dará la clave para poder
controlar, en la medida de lo posible, la situación. Esto, teóricamente, es
sencillo, pero enfrentarse al diagnóstico de una enfermedad de este tipo es
demoledor en la mayoría de los casos, entre los que me incluyo.
No siempre contamos con el apoyo social aunque sí con el
familiar. Hay ocasiones en que ciertos síntomas no son comprendidos por el
entorno o se producen situaciones en que una mal entendida comprensión no es
mas que una compasión disfrazada que no hace ningún bien al afectado. Ahí tenemos otro gran problema que se
solucionaría con abrir la enfermedad al cuerpo social. Campañas que diesen a
conocer la problemática de este tipo de dolencias, ajenas a la gran masa
social, podrían abrir nuevos caminos no ya en la aceptación de las enfermedades
“raras” sino incluso generar vías de investigación que alcancen en un futuro cercano
mejoras sustanciales en los tratamientos y en la calidad de vida de quienes
conviven con esos nombres con los que abríamos esta pequeña crónica al hilo de
la celebración del Día Nacional de las Enfermedades Neuromusculares.
Como afectado de Miastenia Gravis, una de esas enfermedades
raras que hoy celebran su “onomástica”, me gustaría lanzar una de aquellos
enormes proyectiles, vía catapulta medieval, lleno de algunas semillas que
germinaran al impactar con los corazones de quienes nos observan curiosos
cuando distinguen alguno de nuestros síntomas; con los bolsillos y la buena
disposición de investigadores y empresas farmacéuticas; con los políticos y
demás responsables de las áreas de salud, sanidad, educación…
Esas semillas no serían otras que la investigación, la
comprensión, la ayuda, el soporte y el afecto. Con poquito nos conformamos.
El partido está jugándose. Todos esos jugadores que
mencionábamos al principio forman uno de los equipos. Nosotros, el otro. Queda
mucho tiempo para que el árbitro pite el final. Necesitaremos ayuda pero vamos
a ganar. Seguro. ¿Te apuntas?
domingo, 11 de noviembre de 2012
Crónica de un encuentro (miasténico) anunciado.
(Sede de ALUJA, en Virgen de la Cabeza, 10, donde se celebró
el encuentro)
Los fríos otoñales, en perversa conjunción con algún frente
borrascoso, decidieron la mañana del sábado hacer un alto en su inmisericorde
batalla y un clima aceptablemente tranquilo nos permitió acercarnos sin
sobresaltos a la sede de Aluja donde se iba a celebrar el primer encuentro
provincial de afectados de Miastenia Gravis.
Nos conocíamos ya en gran medida aunque, quizá por ser uno de los
últimos en llegar al grupo, me faltaban compañeros por saludar. No voy a ocultar
que una cierta inquietud acompañaba nuestros pasos, fruto de esos prejuicios
peliculeros de las reuniones de otros colectivos apellidados “anónimos” en las
que los asistentes desnudan su alma y se regodean en sus penas, miserias y
recaídas.
Al ir acercándonos, -me acompañaba Ana, mi mujer, compañera, soporte y
luz de mis días- un grupo de camaradas se dejaban ver en la puerta esperando la
llegada del resto. Por un momento creí no reconocer a nadie pero, ya más cerca,
Antonio Barranco –esforzado delegado provincial de AMES- se dibujó “apoyao en el quicio” como cantaba
“la Piquer” y su presencia nos animó a apretar el paso.
Mercedes, Joaquín, Mari, Juan Manuel y otros se fueron incorporando poco a poco a la
reunión, casi familiar, al calor del dolor compartido, de la esperanza puesta
sobre la mesa o de la experiencia intercambiada al hilo del vivir cotidiano.
Aparecieron Silvia y Justi, enviadas por Diario JAÉN para dar cumplida
noticia de nuestra sesión y deambularon entre nuestras palabras y las suyas
hilvanando historias, iluminando flashes y prometiendo crónicas que hoy hemos leído
ya en la miasténica tranquilidad de una lluviosa mañana de domingo.
Ya en la intimidad del encuentro, las vivencias tomaron al asalto
nuestras miradas y se interpusieron entre las palabras y el recuerdo: Aquella
primera vez en que conocimos a quien ya sería nuestra compañera de camino, esa
pérfida Miastenia que nos arrastra por el sendero que ella misma marca sin
dejarnos otra opción que seguirla con la lengua fuera aunque manteniéndonos firmes
ante su exigencia; el vía crucis de
algunos de consulta en consulta, de hospital en clínica, de consulta en consulta
a la búsqueda de un nombre que añadir a esa visión extraviada y encontrada por
partida doble (la diplopia), a ese hablar hundido y abreviado con tonalidades
gangoso-nasales (la disartria), a un cuello rebelde dispuesto a demostrar que
la fuerza de la gravedad siempre tira hacia abajo, a esos brazos incapaces de
levantarse más allá de ese punto invisible que marca el no retorno, a un
cansancio minero cuando apenas si has dejado el sofá instantes atrás…
A veces el diagnóstico llegó pronto. En ocasiones, tras agobiantes recorridos,
pruebas y dudas. Todos guardamos en la memoria el día, aquel instante –duro al
recordarlo- en el que como si viéramos una película antigua con los fotogramas
descuadrados y las rayas propias del tiempo, nos vimos a nosotros mismos
escuchando una palabra que nunca antes
habíamos oído: miastenia.
Autoinmune, crónica, incurable, invalidante… adjetivos que brotaron
inmediatamente de los diccionarios, de google, de páginas médicas, ahuyentando
aun más la esperanza, hundiendo proyectos y destrozando ilusiones. Palabras que
dejaron de ser solo eso para convertirse en losas, en espadas de Damocles
dispuestas a golpear tu vida sin apenas dejarte espacio para respirar. ¿Respirar? Otro verbo, junto con masticar y
tragar, que también cambia su declinación cuando se ennovia con la MG.
Despídete de ese tranquilo ir y venir del aire pulmones abajo. Beber un vaso de
agua puede ser un atentado contra tu propia vida e intentar masticar un
solomillo quizá te cueste un sobreesfuerzo que te haga abandonar.
Mientras tanto, la MG sigue, impertérrita, rodeándote como una “constrictor”
impidiéndote incluso pensar. Ya no sabes, un día cualquiera, como enfocar tu
vida, cómo salir del pozo en el que ella te ha hecho caer. Dudas si hacer
público tu problema, si dejarlo en la oscuridad en la que vives o si romper
también tú esa misma oscuridad para formar parte de la nada.
Impactante el testimonio de dos de los camaradas, cuyos nombres
dejaremos en el limbo de la privacidad, pero que decidieron un día que la lucha
había terminado, que la MG había ganado la partida y que ya no tenían más
fuerza para seguir.
“¡Vivo en un sexto; Segundo y medio de caída y todo habrá terminado!”,
escuchamos con el alma encogida y apartando a la Miastenia de nuestros oídos.
“Un día decidí acabar con todo y me tiré a la carretera mientras
pasaba un enorme camión”. Otra historia que nos sumió en el escalofrío
mientras, mecidos en la introspección, vivíamos de nuevo nuestros momentos de
amarga depresión, nuestro llanto sobre el pecho de quien nos anima, nuestras
lágrimas desesperadas o la sensación de haber terminado con todo lo que una vez
fuimos.
La primera historia solo se materializó en una idea. La segunda, por el contrario, acabó con una
pierna amputada mientras la MG sonreía, aburrida quizá de tanta maldad
acumulada, de tanto dolor producido…
Cuando el ambiente se tornó tenso, el timbre de la puerta nos recordó
que la vida continuaba alrededor. Alguien que había leído el previo publicado
por Diario JAÉN se acercaba a participarnos su semi-diagnosticada Miastenia.
Miré hacia ella y me sobresalté. No era una persona anónima,
desconocida. ¡La conocía bien! Compartí con ella los viejos ya alegres tiempos
del COU y luego fue la profesora de mi hija. Como diría el tópico, no cabe duda
de que “el mundo es un pañuelo” y la Miastenia salpica con su moco a todo aquel
que se pone a tiro. (Incluso sin ponerse).
Saludos, abrazos, recuerdos y, de nuevo, dolor compartido. Una clase
imposible de terminar por al avance de la disartria, una sensación de
impotencia unida al desconocimiento y a la duda de un futuro incierto…
La sesión fue transformándose y paso de ser un mero encuentro de
personas con una dolencia común a una reunión familiar en la que los consejos,
el apoyo, el soporte y el ánimo
circularon de sonrisa en sonrisa haciendo que, al menos por unos minutos, la
miastenia saliera de puntillas por las rendijas y nos dejara solos, libres de
su malsana influencia. Éramos personas y no enfermos. Pacientes pero no “raros”
como ella aunque sabíamos que nos esperaba a la salida con su catálogo
dispuesto de nuevas actuaciones, crisis y problemas.
Hablamos de medicación, de visitas hospitalarias, de timectomías,
plasmaféresis, inmunoglobulinas, acetil-colina, anti-Musk, inmunosupresores y
tomamos un trago –de agua, claro- en homenaje a nuestro otro compañero de
fatigas, el Mestinón, cuya hora fue llegando por turno avisándonos el coro
celestial de las alarmas de nuestros móviles. Pero no solo de fármacos vive el
miasténico. Necesitamos el apoyo, el cariño, el amparo de quienes comparten la vida
con nosotros y también la miastenia. Sabemos que la MG nos cambia el carácter,
nos agría el gesto y nos eleva varios puntos en la clasificación de
insoportables, pero nuestras esposas, maridos, compañeros y amigos luchan
contra esa circunstancia y nos ofrecen un espejo en el que seguimos siendo como
fuimos. No tengo palabras para agradecer el día a día a Ana y Alba, que saltan
por encima de mis miasténicas salidas de tono y me siguen mirando con cariño. Joaquín, Estefanía, Marga y el resto de
familiares que nos acompañaron, recibieron también el reconocimiento de sus
esfuerzos y el aplauso por ser miastenicos consortes, título este que no se
consigue por la mera lotería de caer preso en los brazos de la MG sino por un
sentimiento amplio, puro y desinteresado
que va mucho más allá del amor y sin el
que nada seríamos frente a los envites de nuestra amiga Miastenia.
Los estómagos, ajenos al resto de problemas y sin preocuparse de la
disfagia o de otros problemas de deglución, lanzaron mensajes de sentirse
vacíos y levantamos nuestros cuarteles para trasladarnos a esa comida de hermandad
en la que terminar brindando –con poco alcohol, sin setas, sin tónica, sin
Pedro Ximénez, que la Miastenia es muy delicada- por ese futuro que queremos
vislumbrar positivo aunque sea bajo la óptica de la MG.
Y así, entre bocado y trago, la familia miasténica jiennense nos
despedimos con la certeza de que volveremos a encontrarnos en poco tiempo y
sabiendo que, si nos lo proponemos, iremos minando la fuerza de nuestra amiga
(no la llamaremos enemiga por si osa enfadarse y atacar con nuevas guerrillas)
y venceremos la última batalla.
jueves, 1 de noviembre de 2012
"Aprendí a escuchar mi cuerpo".
Me permito
rescatar esta entrevista de Elena Lorente a ASUNCIÓN SUBIRATS. (Maestra y
afectada de Miastenia Gravis) publicada en De Tots els colors. Hay un pasaje,
en el que Asunción habla de sus sensaciones cuando tuvo que dejar la escuela,
con el que me siento muy identificado.
¿Hay un
antes y un después en tu vida Asunción?
Por supuesto. Antes de la enfermedad mi
vitalidad sólo se veía limitada por el reloj. No es que nunca sintiera
cansancio pero podía desarrollar sin mayor problema mi vida atendiendo a mi familia,
a mi trabajo y a mi casa.
En
el año 1998 empecé a notar los síntomas de la miastenia, pero no podía imaginar
que era lo que me pasaba. Me diagnosticaron en 1999.
Durante
la primera fase de la enfermedad- unos dos años- mis objetivos cambiaron
radicalmente. En las peores épocas me sentía satisfecha si lograba atender mi
cuidado personal: ducharme y vestirme sola y tomarme la medicación sin
atragantarme. Más adelante, me acostumbré a preparar cada uno de mis
movimientos de antemano. Pensaba lo que quería hacer y procuraba no realizar
ningún movimiento de más. Por ejemplo, si me tenía que agachar para ponerme un
calcetín aprovechaba este mismo movimiento para ponerme el zapato. Parece una
tontería pero con unas fuerzas tan limitadas no era cuestión de desperdiciar ni
una pizca de energía. Esto se ha convertido en un hábito y la verdad es que así
me cunde mucho el tiempo en que estoy en activo. Aprovecho el tiempo de reposo
para pensar en cómo haré lo que tengo que hacer, con el mínimo esfuerzo.
Ahora
ya ni me acuerdo de lo que es sentirme totalmente bien, así que voy siguiendo
mi línea de vida pero procuro no enfadarme si no llego hasta donde me había
propuesto. (No siempre lo consigo).
¿Qué
es la Miastenia gravis?
La
miastenia gravis es una enfermedad autoinmune. El propio cuerpo produce unos
anticuerpos “antiacetilcolina” que bloquean la función de los
neurotransmisores. Afecta a la musculatura, pero no, a la de los órganos
vitales. Se manifiesta como una gran debilidad muscular que dificulta pudiendo
llegar a imposibilitar actos como hablar, deglutir, fijar la vista, respirar (afecta
a la musculatura intercostal y al diafragma), utilizar bien las piernas, brazos
y manos, erguir la cabeza, etc.
¿Existen tratamientos efectivos para esta
enfermedad?
En mi caso el tratamiento ha sido a base de
fármacos: Mestinón, Imurel y corticoides.
De
vez en cuando, he hecho tratamientos de inmunoglobulinas.
También
necesito reposo.
Al
cabo de los años, he sentido efectos secundarios como el “síndrome de la cara
de luna llena” (una hinchazón anormal especialmente de la cara) provocado por
los corticoides, diabetes, rampas en las piernas, dolores articulares,
gastritis, etc.
Para
aliviar los efectos secundarios también tomo la medicación oportuna. Procuro hacer
ejercicio suave y he asistido a sesiones de rehabilitación para las
articulaciones.
¿Es una enfermedad conocida, reconocida?
No es
una enfermedad demasiado conocida. Las personas que no son del ámbito de la
medicina no han oído hablar de miastenia gravis a menos que tengan un conocido
que esté afectado.
La
mayoría de profesionales de la medicina con los que he tratado durante estos
años (un montón), sí que conocían la enfermedad, sus síntomas y tratamiento.
Aún así, siempre he preguntado si los fármacos que me prescribían eran
compatibles con la miastenia gravis, por si acaso…
Cuando
me levantaba (a partir de las cinco de la mañana, podía ser a cualquier hora)
enchufaba la cafetera, la plancha y el ordenador. Antes de salir hacia la
escuela, sobre las ocho y media, dejaba la casa arreglada, la comida preparada
y el trabajo de la escuela revisado. Tenía tiempo para cuidar el jardín, para
leer, hacer labores y atender a mis hijas por las tardes. Eso sí, durante el
fin de semana hacía una siesta extra casi siempre.
Empecé
a ejercer de maestra en el año 1979 y cada vez me gustaba más mi trabajo. El
trato con los niños te absorbe por completo y me resultaba muy gratificante.
¿Cómo es en la
actualidad?
Ahora divido mi tiempo de cada día en
actividad y descanso.
También
madrugo mucho pero ahora me preparo un té bien calentito y me instalo en el
sofá (mi segundo hogar). Enciendo la tele, veo las noticias y/o algún otro
programa (bricolaje, cocina, música, documentales o series) y sigo descansando.
Depende de cómo me siento, hago punto de media.
Si
estoy animada, paso así media hora o una hora, sino, unas dos horas.
Sobre
las ocho, recojo un poco la casa, organizo la comida y la ropa, me ducho y me
visto. Almuerzo y tomo la medicación.
Durante
la mañana, dependiendo del día, hago alguna cosa como salir a hacer recados,
ocuparme de la casa, costura, ordenador, estar en el patio,… Siempre alternando la actividad con el
descanso.
Antes me programaba al minuto. Al tiempo,
no paraba de programarme y desprogramarme . Ahora tengo unos objetivos muy
generales pero no me pongo límite de tiempo. Nunca sé si tendré un día bueno o
no, es más, no puedo prever ni como me encontraré al cabo de una hora o menos.
Esto es una parte muy fastidiosa de la miastenia, no solo te influye el
cansancio, también el tiempo meteorológico, el calor y el estrés.
Como
prontito, a la una y otra vez al sofá!
Duermo
un rato y sigo descansando: cosiendo, haciendo punto, etc. hasta las seis
aproximadamente. A esa hora me tomo la pastilla de Mestinón y salgo a pasear un
ratito con el perro. Cuando vuelvo, suelo sentirme activa hasta las ocho, más o
menos. Descanso un poquito más, ceno y vuelvo al sofá.
Aunque
parezca imposible, me duermo enseguida y aunque a las doce intentan despertarme
para que me tome la última pastilla y me vaya a la cama, la mayoría de las
noches me cuesta horrores, el cuerpo no me responde y me quedo en el sofá hasta
las tantas.
Desde
luego que estoy muchísimo mejor que al comienzo de mi enfermedad.
Puedo
valerme perfectamente dentro de mis limitaciones. Puedo decir que los
tratamientos que he seguido han sido efectivos. Lástima de los efectos
secundarios.
Sí,
tengo mucho apoyo en mi marido y mis hijas. También tengo el apoyo de mis
amigos, que siempre están ahí.
De todas maneras, cuando realmente fui
consciente de que no podía seguir yendo a la escuela, para mí fue la parte
peor, emocionalmente.
Después
de la primera fase de mi enfermedad, luché mucho para recuperar algo de
movilidad, haciendo gimnasia en la piscina, y procurando no perder reflejos. Me
esforcé mucho en volver a tener una vida “normal” (en apariencia). Luché con la
administración para volver a mi vida laboral (cuando oía la palabra
“jubilación”, daba un respingo) en tareas de gestión. Empecé a organizar la
biblioteca del centro. Al tiempo, pude volver a ser tutora , sin dejar la
biblioteca.
Pero
el precio fueron los efectos secundarios de la medicación. Mi neurólogo me
empezó a bajar la medicación y enseguida me di cuenta de que no podía seguir el
ritmo: volvía a tener problemas para articular las palabras y sentía un
cansancio muy grande del que tardaba mucho en recuperarme.
Entonces
me hundí. Ya no tenía energías. Los médicos me recomendaron psicoterapia. Me
fue muy bien. Pude tomar distancias y aceptar mi enfermedad-aunque creo que
nunca se acepta del todo-.
¿Qué
personas han sido determinantes para ti?
Todas
las que me rodean. Siempre hay alguien y de vez en cuando, aparece alguien que
no te esperas. Por ejemplo, en pleno proceso de jubilación definitiva volví a
contactar con algunos de mis ex – alumnos, personas de las que no sabía nada
desde hacía más de veinte años. Me dio muchísima alegría y me di cuenta de que
para algo había servido.
¿Qué has
aprendido a partir de la enfermedad?
Deseo
haber aprendido a tener paciencia conmigo misma y a saber posponer las cosas, a
escuchar mi cuerpo.
Mis objetivos nunca son a largo plazo ni
mis proyectos muy grandes, pero procuro buscar objetivos y proyectos pequeñitos
y llevarlos adelante.
¿Qué temas
te preocupan?
Respecto a mi misma pocos. No me gustaría
ser una carga para nadie.
Respecto
a las personas que me rodean, especialmente mis hijas, me preocupa su futuro
pero no como resultado de mi enfermedad, a todas las madres nos pasa lo mismo.
Muchísimas
cosas. Soy capaz de entusiasmarme con las cosas más simples y, desde luego,
disfruto con la cocina, la lectura, la
música, la costura: reportajes de viajes, los paseos, las plantas, las
sensaciones de la naturaleza. Me considero afortunada.
¿Qué
aspectos del Sistema Sanitario urge cambiar según tu experiencia?
He
tenido la suerte de topar con unas instituciones y un personal sanitario, tanto
médicos, como enfermeras, como auxiliares estupendos.
Mi
experiencia ha sido buena, de todas las maneras, hay un tema que no sé si tiene
arreglo: se trata de las esperas. Cuando te encuentras medio bien y vas al
médico te puedes llevar un libro y esperar tranquilamente pero, cuando te
encuentras mal, la espera se convierte en una agonía y cuando te llaman, ya no
sabes ni quién eres.
¿Te gustaría
transmitir algún mensaje a la sociedad?
Que cada persona disfrute de lo más
esencial de su vida, que intente “separar el grano de la paja” y dar valor a lo
que realmente lo tiene sin perder tiempo en estar molesto o enfadado por
tonterías.
En
la vida hay dos tipos de problemas: los que tienen solución y los que no.
Luchar por los primeros y sobrellevar los segundos.
Vivir
cada momento como si fuera una oportunidad única y aprovecharlo.
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jueves, 25 de octubre de 2012
¡Vía cuatro! Un nuevo regalo de mi amiga Miastenia.
El viaje termina. Da el verano sus
últimos coletazos, vestido ya de otoño. La multitud araña el pavimento de la
estación con su prisa indisimulada. Avisos de vías y andenes adornan la megafonía y hacen
parpadear pantallas y miradas de viajeros prendidos al reloj.
Una maleta, con ruedas, claro, corre a la búsqueda de su dueño que la ha
repudiado momentáneamente mientras intercambia unas monedas al kiosquero que le
ofrece la prensa del día. Huele a inquietud, a tiempo detenido que espera la
salida, a perfumes agitados por la prisa, a trenes a punto de emprender su
camino.
Hemos llegado con tiempo suficiente
para dar una vuelta por la sala Club. Allí el silencio prima sobre la vorágine
exterior solo interrumpido por el ligero bisbiseo de la máquina de café. En las
pantallas lucha una programación deportiva de televisión frente a los avisos de salidas y llegadas.
Todo ha ido bien. La amiga Miastenia no
ha hecho sino disfrutar también de la escapada sin apenas dejarse ver salvo
algún episodio de diplopia a la que el cuerpo parece acostumbrarse. Suena la alarma
y la pastilla de Mestinón, quizá celosa, solicita su momento de gloria. Quedan
ya veinte minutos escasos para la salida.
Ana, sentada en sentido contrario a
las pantallas, me pregunta si ya han
colocado nuestro tren. Miro distraído hacia la pantalla de la izquierda. En efecto,
junto al tipo de tren y la hora de salida, aparece, parpadeante, un número que
indica la vía. Es el cuatro.
Giro la cabeza y me dispongo a
comunicar el dato. –Si, ya está. Es la vía cuat…r…
Y ahí, el mundo comenzó a
desmoronarse a mi alrededor. Pude notar que los músculos de mi garganta, de mi
paladar, de la cavidad bucal en general, se recolocaban en un movimiento
maldito impidiéndome terminar aquel número. –Cuat…r…. o, cua…t…rr…o.
¡Imposible!
Mi boca seguía su danza infernal y yo
intentaba sobreponerme. ¡Había sucedido! La infame Miastenia esperó a que la calma
despejara cualquier duda y se lanzó al ataque. Comprendí que empezaba una nueva
etapa, una carrera en la que uno de los dos ganaría el trofeo. Dudé seriamente
si sería yo.
Oía palabras de ánimo a mi alrededor,
pero las lágrimas me impedían escuchar. No era un ahogo físico sino emocional.
La vía cuatro no era solo el entramado de raíles –ancho europeo, please- que
nos llevarían de vuelta a casa; también era la senda por la que habrían de
discurrir los días siguientes.
Mi mente hizo un recorrido rápido por
toda la lingüística aprendida en muchos años y las hojas del diccionario
aparecieron frente a mis pupilas con nitidez indescriptible. Me esforzaba en
pronunciar palabras que tuvieran erres, eles, sílabas compuestas, torcidas,
entremezcladas o mediopensionistas, pero era inútil. Los músculos de mi
garganta no respondían a mis propios estímulos. El sonido llegaba hasta ella,
el aire se disponía a atravesarla, pero en el último tramo el soplo se
desvanecía haciendo que, a trompicones, la palabra saliera disfrazada, gangosa,
nasal, perdida e ininteligible.
-¡Disartria!, me dije. Sí, repasé
mentalmente el catálogo de complementos que acompañan a la Miastenia y recordé
que así se llama ese bonito efecto con que ella, siempre pensando en ti, te
obsequia cuando así lo desea.
No recuerdo cómo pasamos el control.
Ni siquiera sé si respondía al amable saludo de la azafata del AVE que nos
recibió en la puerta del vagón. Quizá las maletas se colocaron solas en su
lugar. No tengo conciencia de haberlo hecho. Mi mente solo repasaba palabras
que mi garganta no sabía pronunciar. Una y otra vez mientras el paisaje corría
a trescientos kilómetros a la hora frente a la ventanilla.
El tren, ajeno a mis padecimientos,
seguía impertérrito deglutiendo árboles, puentes y nubes asustadas. La mano de
Ana me apretaba la mía susurrando ánimos que no lograban hacerme volver. Pasaron
unos minutos, escasos pero interminables, y la musculatura pareció serenarse.
Intenté, de nuevo, repetir el número de aquella vía por la que abandonamos la
estación: -Vía cuatttrro. ¡Casi
perfecto!, me consolé.
Una parada. De nuevo el camino. Una
bandeja con el menú. ¿Podré masticar? ¿Pasarán los alimentos el filtro
miasténico de mi garganta?
No hubo más problemas. Llegamos.
Intenté olvidar en un infantil acto de avestruz asustada pero algo, dentro,
debajo de una capa de animosa realidad, me decía que todo había cambiado. Que
nada sería igual. La Miastenia me había hecho otro regalo y, probablemente, sería
difícil deshacerse de él.
Ya en el andén miré al tren,
apaciguado ya de su velocidad, y repetí para mis adentros…¡vía cuatro! Ahora,
mira tú por dónde, me salió bien. Un juego más de la Miastenia y su espíritu burlón.
Mientras caminaba supe que aquello no
quedaría así…
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martes, 23 de octubre de 2012
MI AMIGO MESTINÓN en la revista de ASEM (Asociación Española de Enfermedades Neuromusculares)
La revista de la Fedewración española de Enfermedades neuromusculares, ASEM, se hace eco en su número 67 de este blog que trata de incidir en la convivencia con una de esas enfermedades, la Miastenia Gravis.
Agradezco muy sinceramente a ASEM esta mención. Seguiremos luchando, camaradas.
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